CÓMO LAS EMOCIONES NOS AYUDAN A MODULAR LA FRECUENCIA VIBRATORIA DIARIA
Cada día trae su afán, decía un maestro en su momento. En aquel entonces, yo posiblemente no entendía lo que quería decirme con esa frase. Pero hoy, pasados ya más de 25 años, comprendo con mayor claridad su sentido.
Cada día
tiene una frecuencia vibratoria distinta. Y cada momento también. Cada uno nos
conduce a una emocionalidad diferente. Actualmente, la espiritualidad parece
exigirnos estar siempre en positivismo o en positividad, pero no se trata de
eso. En la conciencia despierta, sabemos que el verdadero aprendizaje está en reconocer y transitar las frecuencias emocionales.
Tanto las altas como las bajas. ¿A qué me refiero con esto?
A que, si bien buscamos conectar con el cielo y la Tierra —frecuencias altas y
bajas—, no significa irnos literalmente hacia arriba o hacia abajo. Todo está
en nosotros. Somos parte del todo y el todo está en nosotros. Desde la física
cuántica, desde el movimiento de la partícula y la onda, entendemos que la
frecuencia sube y baja, y que esa frecuencia se
modula, cómo si estuvieras subiendo o bajando el volumen a la
música interna o a tu ruido interior.
La frecuencia vibratoria se modula diariamente porque cada día
trae una vibración particular. Esto lo he podido percibir claramente al llevar
el oráculo durante trece días consecutivos. Hoy se cumple el decimotercer día
de ese recorrido, y puedo afirmar que cada día trae un mensaje específico, una
energía propicia. Por eso es tan importante aprender a enfocarnos
en la frecuencia que ese día nos propone. Decía el maestro Joe
Dispenza donde pones tu atención pones tu energía, ahora se trata de enfoque,
de poder enfocarte. En dónde?, no es afuera no es en tus amigos, no es en la
familia, ni en las tareas que tengo que hacer dentro de un momento, el enfoque
es en ti.
A veces no
nos gusta la frecuencia que el día trae. Puede ser un día inquieto, incómodo,
un día en el que estamos más irascibles, menos abiertos al mundo, con más
temor. Sin embargo, esas emociones no son un error. Son la respuesta natural a
la frecuencia vibratoria que estamos atravesando. Si logramos mantener nuestra
atención en lo que ese día nos está mostrando, podremos acercarnos cada vez más
a nuestro propósito y a nuestra misión. Cada día trae su afán, es decir, su
aprendizaje
Ayer, por ejemplo, fue un día profundamente inquietante. Mi
sistema nervioso estaba descompensado, sentía mucho temor y el ambiente externo
no ayudaba: hubo un huracán fuerte, el viento estuvo desaforado, se volaron
tejas de la casa y se produjeron daños importantes en la ciudad. Todo eso
afecta nuestro sistema nervioso, no solo por lo que sentimos individualmente,
sino también por lo que el colectivo está experimentando.
EL
SISTEMA NERVIOSO COMO MODULADOR DE LA FRECUENCIA EMOCIONAL
Cuando hablamos de frecuencia vibratoria y emociones, no podemos dejar por fuera al sistema nervioso. Es él quien traduce lo que ocurre afuera y adentro en sensaciones corporales, estados emocionales y respuestas automáticas. Muchas veces creemos que estamos “mal emocionalmente”, cuando en realidad lo que está ocurriendo es una desregulación del sistema nervioso.
La teoría
polivagal, desarrollada por Stephen Porges, nos ayuda a comprender esto con
mucha claridad. Esta teoría explica que nuestro sistema nervioso autónomo no
funciona solo entre calma y estrés, sino que tiene tres
grandes circuitos, de los cuales dos son especialmente
importantes en lo emocional: el sistema vagal
ventral y el sistema vagal
dorsal.
El vagal ventral está asociado a la seguridad, la conexión, la calma y la regulación emocional.
Cuando estamos en este estado, el cuerpo se siente más estable, la respiración
es fluida, el corazón tiene un ritmo coherente y podemos vincularnos con otros
desde la presencia. Desde aquí es mucho más fácil sostener emociones,
observarlas sin juicio y modular conscientemente nuestra frecuencia vibratoria.
No se trata de estar siempre “bien”, sino de sentirnos suficientemente seguros
para transitar lo que aparece.
Stephen
Porges lo expresa así:
“La seguridad no es la ausencia de amenaza, es la presencia de
conexión.”
Cuando el
sistema vagal ventral está activo, podemos autorregularnos: respirar, meditar,
sentir el cuerpo, y permitir que la emoción cumpla su función informativa sin
desbordarnos. En este estado, incluso emociones como la tristeza o el miedo
pueden ser sostenidas sin que nos colapsen.
Por otro
lado, el vagal dorsal se activa cuando el sistema percibe
que no hay salida posible, cuando la amenaza es muy intensa o sostenida. Aquí
aparecen estados de apagamiento,
congelamiento, desconexión, cansancio profundo, vacío emocional o sensación de
no poder. No es depresión en sí misma, ni falta de
espiritualidad: es una respuesta biológica ancestral de supervivencia.
En estos
estados, la frecuencia vibratoria se siente baja, densa, pesada, y muchas veces
la persona se juzga por “no poder sostenerse”, cuando en realidad su sistema
nervioso está intentando protegerla. Desde el vagal dorsal no se accede
fácilmente al pensamiento positivo ni a prácticas expansivas; primero es
necesario volver al cuerpo, a lo seguro, a lo simple.
Porges
también nos recuerda:
“El sistema nervioso siempre está evaluando: ¿estoy a salvo o no?”
Esto explica
por qué, en días de tormenta, huracanes, movimientos colectivos intensos o
eventos planetarios cargados, nuestro sistema nervioso puede desregularse
aunque “no nos esté pasando nada personal”. El cuerpo lee el entorno, el campo
colectivo, y responde.
Las
emociones, entonces, no son el problema: son el lenguaje
del sistema nervioso. Nos indican en qué estado estamos y qué
necesitamos. Si aprendemos a leerlas sin juzgarlas, se convierten en una guía
precisa para modular nuestra frecuencia vibratoria diaria.
Respirar
conscientemente, pausar, reducir estímulos, buscar el silencio, el contacto con
la naturaleza o con un otro seguro, son formas de ayudar al sistema nervioso a
salir del vagal dorsal y regresar progresivamente al vagal ventral. Desde ahí,
la frecuencia se reorganiza, la emoción se suaviza y la conciencia se expande.
Por eso, en
este nuevo tiempo, el verdadero trabajo espiritual no es forzarnos a estar
bien, sino aprender a habitar nuestro sistema nervioso con presencia y
compasión. Regular el sistema nervioso es regular la
frecuencia. Y regular la frecuencia es permitir que cada emoción cumpla su
función en el camino de despertar.
El campo
unificado
Las frecuencias vibratorias se comunican, nuestros campos
energéticos se tejen con los de otras personas, y seres, también con los de la
naturaleza. Se comunica entre sí y se transmiten a través del campo unificado,
ese campo energético del que todos nos nutrimos. También es llamado la noosfera
o capa inteligente de la tierra Ya lo hemos hablado en otros Post. Por eso, el
día de ayer fue un día en el que el sistema nervioso estuvo altamente activado.
Y aun así, toda experiencia trae una ganancia: un aprendizaje. Muchas emociones
no surgen de tus problemas personales, también de lo que te comunica el entorno
a través de una malla invisible denominada campo unificado, donde nuestras
aúreas se traslapan y contagian emocionalmente. Porque somos una antena que
capta señales así no las entendamos racionalmente.
¿Cuál fue el
aprendizaje de ayer? Darme cuenta de qué es lo que me afecta, y allí entra la
teoría polivagal que te comparto. El aprendizaje fue centrarme con mayor
intención en la respiración, en la meditación, para equilibrar y regular la
frecuencia vibratoria que el día estaba trayendo. Las emociones —aunque
incómodas— fueron la señal que me permitió darme cuenta de que necesitaba volver
al centro.
En el viejo
paradigma vivíamos tiempos más largos de estabilidad, intercalados con momentos
confusos, por eso no nos percatábamos de los cambios pero ahora los momentos
inciertos son más continuos, se presentan con mayor asiduidad. Hoy estamos en
un nuevo tiempo, construyendo la nueva Tierra. Por eso, día a día, paso a paso,
vamos dando forma a lo que viene. Todo está en transformación nada está estable
por ello nuestro sistema nervioso lo Resiente.
El movimiento
de los planetas también influye en estas frecuencias. Cada planeta, al
desplazarse alrededor del Sol, va dejando un surco energético en el campo
unificado. Resultado del movimiento de estos en su elíptica
o en su órbita, van escribiendo como una pista en long- play, un surco que va
quedando grabadas en el campo unificado del sistema solar. Esa
información permea y llega a la Tierra, influyendo en todas sus transformaciones.
El 3 de febrero, Urano entró directo, saliendo de su
retrogradación, trayendo una carga eléctrica más intensa de lo habitual. Cuando
Urano entra directo, nos exige mayor responsabilidad sobre lo que sentimos,
pensamos y proyectamos. Y aquí las emociones vuelven a ser clave: ellas nos
muestran dónde estamos desalineados y dónde necesitamos ajustar nuestra
frecuencia. Urano es el planeta de los cambios abruptos, de lo inesperado.
Representa la innovación, la rebelión y los cambios repentinos.
El símbolo de Urano está compuesto por una cruz que representa la materia, un círculo que simboliza el espíritu, y dos semicírculos a los lados que indican receptividad. Este diseño sugiere una conexión entre lo material y lo espiritual, así como la apertura a nuevas ideas y experiencias.
Por eso, en este tiempo, es más importante que nunca enfocarnos en
nosotros mismos: en la respiración, la meditación, las búsquedas internas, la
autovaloración y el amor propio. También en observar cómo construimos nuestros
vínculos y cómo estos influyen en nuestra estabilidad emocional. El afuera trae
una energía nueva que todavía estamos aprendiendo a habitar. Por eso sentimos
la necesidad de más silencio, más calma, menos estímulos, menos información.
Tal vez has notado que hay menos relaciones, pero vínculos más conscientes y
estables. Esto ocurre porque estamos consolidando nuestra soberanía personal. También le llamamos el
nacimiento de tu ser solar, el humano liberado, o el humano solar o despierto.
Hay una fecha clave en este proceso: el 20 de febrero, cuando
Saturno y Neptuno hacen conjunción en el grado cero de Aries. Saturno nos habla
de estructura, coherencia y autoridad interna, tus reglas tus ideales, tus
lineamientos en coherencia porque ya no vienen de fuera la autoridad ahora eres
tú, eres soberano de ti mismo. Neptuno nos conecta con lo espiritual y lo
divino. Juntos nos invitan a actuar desde la conciencia.
Muchas
personas —yo incluida— hemos sentido menos impulso de acción externa. Menos
redes, menos exposición, más silencio. No es estancamiento: es reorganización
interna. Estamos frente a múltiples caminos posibles y este es el momento de
observarlos con calma antes de elegir.
Ya no somos
solo el personaje circunstancial. Yo, por ejemplo, ya no soy la maestra, ni la
docente, ni quien guiaba círculos de mujeres. Esa versión ya no soy. Me estoy
transformando en alguien nuevo, que aún no termino de definir.
Por eso, cada
día trae su afán. Cada día trae su frecuencia. Y las emociones son las grandes
aliadas en este proceso, porque nos indican cómo está nuestra vibración y qué
ajustes necesitamos hacer para continuar el camino con un sistema nervioso más
sosegado.
Las
llamaradas solares, los movimientos de la Tierra, los cambios climáticos nos
exigen ir hacia adentro, hacia un estado de mayor paz, estabilidad y
conciencia. Las líneas de tiempo se están separando, y cada la frecuencia con que
experimentamos emociones densas o bajas nos muestra en cuál de estas dos líneas
estamos habitando.
Cada día trae
su frecuencia vibratoria, y tú eres quien la modula. A través de lo que sientes,
decides subir o bajar el volumen?. El cuerpo te habla cuando entras en
descompensación. Las emociones —sean de frecuencia alta o baja— no son
enemigas: son maestras que nos ayudan a aprender, a regularnos y a construir,
paso a paso, el camino que la vida nos está pidiendo.
Ejercicios
sencillos para regular el sistema nervioso y la frecuencia vibratoria
Regular el
sistema nervioso no requiere grandes esfuerzos ni prácticas complejas. A veces
son gestos pequeños, repetidos con conciencia, los que permiten que el cuerpo
vuelva a sentirse a salvo. Desde ahí, la emoción se ordena y la frecuencia
vibratoria se modula de forma natural. Aquí comparto algunos ejercicios simples
y profundos que pueden acompañarte en lo cotidiano.
1. Respiración con exhalación prolongada (activación vagal ventral): Este
ejercicio ayuda a salir de la activación excesiva y a enviar señales de
seguridad al sistema nervioso.
Inhala
suavemente por la nariz contando hasta cuatro. Exhala lentamente por la boca
contando hasta seis u ocho, como si soltaras el aire con alivio.
Repite varias veces, sin forzar.
La exhalación
prolongada estimula el nervio vago ventral, ayudando a que el cuerpo entre en
un estado de mayor calma, presencia y conexión. Es especialmente útil cuando
hay ansiedad, inquietud o irritabilidad.
2. Orientación suave al entorno (salir del colapso dorsal): Cuando el
sistema nervioso entra en vagal dorsal —apagamiento, desconexión, cansancio
profundo—, no necesita estimulación intensa, sino reconectar
con lo seguro. Mira lentamente a tu alrededor y nombra
mentalmente tres cosas que ves. Escucha dos sonidos cercanos. Percibe una
sensación corporal agradable, por pequeña que sea (el contacto con el suelo, la
temperatura, la respiración).
Este ejercicio ayuda al sistema nervioso a salir del congelamiento
sin forzarlo, devolviendo una sensación básica de presencia y orientación.
3. Respiración con los oídos tapados y el sonido de la abeja “mmmmmm” Este es un
ejercicio muy poderoso de estimulación vagal directa. Tapa suavemente tus oídos
con los dedos pulgares, los otros cuatro apóyalos suavemente paralelos a tu
nariz. Inhala por la nariz. Al exhalar, emite un sonido largo y continuo: “mmmmmmmm…”, como un zumbido suave y envolvente. Permite
que la vibración se sienta en el pecho, la garganta y el cráneo. Lo debes
escuchar fuerte en tu cabeza.
El sonido y la vibración estimulan el nervio vago, calman el
sistema nervioso y ayudan a regular estados de ansiedad, miedo o sobrecarga
emocional. Es una práctica muy efectiva cuando el cuerpo está hiperactivado.
4. Respiración consciente en Ida y Pingala: Este ejercicio
proviene de la tradición yóguica y ayuda a equilibrar las polaridades internas:
lo activo y lo receptivo, lo solar y lo lunar, lo masculino y lo femenino.
Tapando tu narina derecha, lleva la atención a la respiración por la narina
izquierda y visualiza que el aire asciende por el lado izquierdo del cuerpo
(Ida), desde la base hasta la coronilla, al inhalar. Al exhalar, destapa la
derecha y tapa la izquierda, imagina que el aire desciende por el lado derecho
(Pingala).
Luego invierte el recorrido: inhalas por el lado derecho y exhalas por el
izquierdo.
Este movimiento consciente equilibra el sistema nervioso, armoniza
las emociones y favorece una regulación profunda de la frecuencia vibratoria,
especialmente en momentos de confusión o desbalance interno.
Estos
ejercicios no buscan “arreglar” las emociones, sino acompañarlas.
Cuando el sistema nervioso se siente a salvo, la emoción puede moverse,
expresarse y transformarse. Y cuando la emoción se regula, la frecuencia
vibratoria encuentra su propio equilibrio.
Regular el
sistema nervioso es un acto de amor propio. Es aprender a escucharnos sin
juicio y a sostenernos con amabilidad en este proceso de despertar.
Dibujos y texto Sandra Daza
– Bolonik dando sentido en servicio planetario de ascensión.


Gracias
ResponderEliminarSiempre con amor, gracias a ti por recibir. abrazos
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