Reconfigurando el paradigma de la enfermedad 2
Hace unos meses con el cambio de país,
de entorno y de clima, me ví afectada en mi parte biológica por los cambios tan
abruptos a los que ha sido expuesto el cuerpo. Cambios de temperatura extremas
incluso llegando hasta 42 grados en verano y a 7 grados en invierno. Cambios
estacionales, además emocionales, incluso el cambio de alimentación que hicieron
que el cuerpo reaccionara desde la psiquis despertando un conflicto de pérdida de
territorio que no había experimentado en ningún momento de mi historia de vida
de manera tan extrema. Esto conllevó a la búsqueda de un reequilibrio
biológico, al que llamamos “enfermedad” que ha sido para mi un aprendizaje
profundo del que quiero contarles pues ha suscitado un ejercicio de
introspección constante y que puede ser de aporte para ti.
Primera parte miedo ancestral a la enfermedad
Pareciera que en la sociedad hay una creencia muy arraigada sobre la
enfermedad, más que en la sociedad yo diría que en las familias. Muchas mamás
en el caso de la mía y yo como mamá, hemos sido muy insistentes con el proceso de enfermedad frente a los hijos, es
una situación que a nadie le gusta, que desestabiliza y en la que no queremos
estar, es indudable; sin embargo, esta situación al igual que otras de
desasosiego que trae la vida puede ser una oportunidad para indagar en el
inconsciente colectivo, más propiamente el familiar al interior del árbol
genealógico en lo que corresponde a la muerte.
Pareciera que
enfermarse activa un miedo ancestral que no queremos enfrentar, y nuestra
primera reacción suele ser la negación. Esto suele suceder porque, en la
memoria del árbol genealógico, la enfermedad está vinculada a la muerte. Ese
vínculo no es casual; ya que en muchas familias, experiencias de pérdida por
enfermedad—ya sea por muertes naturales,
por la guerra, hambrunas o grandes pestes, un poco menos suicidios u
homicidios—han dejado huellas profundas
en el inconsciente colectivo. Este temor, que a menudo opera de manera
inconsciente, está cargado del mandato no verbalizado: “Enfermarse lleva a
la muerte”. Tal creencia arraigada en la memoria del clan familiar puede
convertirse en un bloqueo emocional, limitándonos en el proceso de sanación
cuando enfermamos en mi caso el particular.
Desde la perspectiva
de la biodescodificación, entendemos que la enfermedad es una manifestación del
cuerpo para resolver un conflicto emocional no procesado. Según el Dr. Ryke
Geerd Hamer, creador de la Nueva Medicina Germánica, “cada enfermedad está
relacionada con un conflicto biológico inesperado que afecta al cuerpo y a la
psique simultáneamente.” Es decir, la enfermedad no es algo que nos ocurre
sin motivo; es una respuesta biológica adaptativa que busca devolvernos al
equilibrio. Sin embargo debemos hacernos conscientes del aprendizaje con el
clan para poder hacer evidente lo anterior. Esto también hace parte de aceptar
el buen morir, aunque eso es otra historia. sin embargo es importante hacer lo
que esté en nuestras manos mientras podamos para evidenciar el mandato del clan
que se guarda de manera muy profunda en la psiquis que nos lleva a negar esta
condición de enfermedad y que nos limita en el proceso de sanidad.
Por lo tanto, aceptar
la enfermedad como una manifestación natural de un conflicto interno y
nombrarla con honestidad es el primer paso hacia la sanación. En este contexto,
no se trata de resignarse, sino de comprenderla como una oportunidad para
transformar patrones inconscientes.
Segunda parte. Reconocer y nombrar
como acto transformador
En la búsqueda contemporánea de
espiritualidad y la sobreabundancia de información, a menudo se refuerzan ideas
que promueven el "pensamiento positivo" excesivo. Aunque es cierto
que nuestras palabras y decretos tienen poder, también lo es que evitar nombrar
lo que sentimos, y no reconocerlo puede alejarnos de la solución. Reconocer
nuestra situación, aceptarla y nombrarla por lo que es, sin dramatizarla ni
negarla, es crucial para iniciar un proceso de transformación profunda
biológica y emocional.
Reconocer nuestra
situación y nombrarla por lo que es, con honestidad y sin temor, nos permite
iniciar un proceso de transformación biológica y emocional. En palabras de Enric
Corbera, líder en bioneuroemoción, “cuando identificamos el conflicto
emocional que da origen a nuestra enfermedad, ya estamos dando el primer paso
hacia la sanación; lo que no se reconoce no puede cambiarse.” En mi
experiencia acompañando a mujeres en procesos de orientación, he notado que
muchas veces el temor a "nombrar las cosas como son" actúa como un
obstáculo. Por ejemplo, si una mujer descubre un nódulo en su tiroides, a
menudo oscila entre dos extremos: exagerar el diagnóstico, colocándose en un
rol de víctima, o negarlo completamente, como si ignorarlo pudiera hacerlo
desaparecer. Negarte a la realidad no te
ayudará a sanar pronto, lo contrario será que el cuerpo mostrará más molestia
física para que tú, te des cuenta y aceptes tu nuevo estado de expansión de
conciencia o fase de crecimiento. No se trata de impulsar aún más lo que nos
pasa porque lo estás diciendo o hablando, no. Hablar realmente de la enfermedad
es aceptar la condición en la que estás en este momento, que puede ser una
condición que es transformable y reversible.
Cuando enfermamos,
debemos generar una relación positiva con la enfermedad, mirándola desde el
amor, aceptándose y entendiendo que no somos víctimas de ella. La enfermedad no
es un castigo ni una maldición; es el cuerpo manifestando la necesidad de
transformación y cambio. En este sentido, la enfermedad actúa como un maestro
que nos invita a expandir nuestra conciencia y evolucionar. El cuerpo, al
manifestar síntomas, está revelando un conflicto interno que se ha mantenido
encapsulado en el subconsciente. Por ejemplo, un simple dolor o una tensión en
el cuello puede ser el reflejo de una carga emocional acumulada, mientras que
un síntoma más extremo indica un llamado urgente del cuerpo para atender un
conflicto profundamente arraigado. El cuerpo, en este sentido, actúa como un
despertador que nos invita a conectar mente y corazón para continuar nuestro
camino de evolución. Tal como explica Hamer, “los síntomas físicos son una
señal de que el conflicto emocional está en vías de solución, aunque la mente
consciente aún no lo perciba.” Esto significa que cuando aparecen los
síntomas, el cuerpo ya está comenzando a sanar, y nosotros, al volvernos
conscientes, podemos colaborar con este proceso.
A menudo, los
conflictos que el cuerpo manifiesta tienen su raíz en traumas no resueltos
especialmente en la infancia , o en mandatos del inconsciente colectivo como ya
mencionamos. Estos traumas permanecen "congelados" en el
subconsciente, como si nuestra psique hubiera detenido su evolución frente al
dolor. En palabras de Enric Corbera, “la enfermedad nos da la oportunidad de
mirar aquello que, desde el subconsciente, nos está pidiendo ser reconocido.” Y
es a partir de este nuevo proceso de nombrar y reconocer cuando se hace
consciencia.
Aceptar la enfermedad
implica darnos el permiso de estar en un estado de reequilibrio biológico sin
negarla ni temerle. Cuando reconocemos los síntomas, reconocemos el miedo que
se despierta, nos abrimos a la posibilidad de comprender el conflicto emocional
que los originó. Al hablar de lo que sentimos, al revisar nuestras heridas de
infancia y al ponerle nombre a nuestras experiencias, comenzamos un proceso de
sanación que no solo transforma nuestro cuerpo, sino también nuestra psique.
Este proceso no siempre es fácil. La enfermedad desafía creencias familiares y
sociales profundamente arraigadas. A menudo, las familias ven la enfermedad
como algo negativo o vergonzoso, reforzando la idea de que es un castigo o una
maldición. Sin embargo, esta percepción puede y debe cambiar.
La enfermedad no es
solo biología ni una simple consecuencia de factores externos como el clima.
Según las cinco leyes biológicas de Hamer, “cada síntoma tiene su origen en
un conflicto biológico específico y representa una solución que el cuerpo pone
en marcha para recuperar el equilibrio.” si se nombra se revela al
consciente y luego nos enteramos cuando ya el mismo cuerpo está haciendo frente
a algo que estaba profundamente guardado. Es cierto que algunas personas,
debido a su contexto o a la profundidad del conflicto, no logran enfrentarlo,
lo que puede llevar a desenlaces extremos como la muerte. Sin embargo, muchas
otras encuentran en la enfermedad una oportunidad para despertar, transformar
sus historias de vida y reconectarse con su propósito más elevado.
Reconectarnos con la
esencia
Cuando estamos
desconectados de nuestra propia esencia—de la divinidad, de la espiritualidad o
de lo que cada quien identifique como su fuente de sabiduría interior—perdemos
la capacidad de reconocer los mensajes de nuestro cuerpo. Este estado de
desconexión se refleja en lo que podemos llamar "ignorancia
espiritual", una ceguera hacia los procesos internos que necesitan
atención, finalmente una pérdida de fé.
Al aceptar la
enfermedad y observarla como un mensaje, no solo sanamos el cuerpo, sino que
también rompemos con patrones de ignorancia emocional y espiritual, con el
estado de duelo y nos abocamos a una reconfiguración de la historia de vida y
una reconciliación con la divinidad. Entonces es cuando la enfermedad se
transforma en una herramienta de aprendizaje, podemos decir que hemos pasado de
un estado de ignorancia, a un estado de conexión esencial, si se quiere en una
fase de crecimiento que nos permite reconfigurar nuestra percepción de la vida,
la muerte y nuestra relación con el universo. Se trata de darnos el permiso de
estar en estado de reequilibrio biológico aceptando y no negando lo que nos
está pasando. Cuando aparece un síntoma, el cuerpo nos está diciendo que es
hora de prestar atención. Aunque puede resultar incómodo o doloroso, hablar de
lo que sentimos es fundamental para comenzar un proceso de sanación.
Aceptar la enfermedad
como un acto de amor y evolución
La enfermedad no
llega para castigarnos ni porque el cuerpo “falle”. Por el contrario, el cuerpo
es un sistema perfecto que responde a un conflicto interno y busca restablecer
el equilibrio. Según Hamer, “cuando aparecen los síntomas, el conflicto ya
está en resolución; la enfermedad es el reflejo del esfuerzo del cuerpo por
sanar.”
Es aquí donde cambiar
nuestra relación con la enfermedad es clave. En lugar de rechazarla o temerla,
podemos mirarla desde el amor y entenderla como una aliada en nuestro camino de
transformación. Este cambio de perspectiva nos permite reconocer que la
enfermedad es una oportunidad para evolucionar, sanar heridas de la infancia y
conectar con aspectos de nuestra historia que han permanecido en el
subconsciente.
El cuerpo manifiesta
lo que la psique no puede procesar conscientemente. Por eso, síntomas como un
simple dolor, una tensión en el cuello o incluso enfermedades más complejas son
mensajes de nuestra biología para despertar nuestra conciencia. Como explica
Enric Corbera, “la enfermedad es la oportunidad de mirar hacia dentro y
descubrir las creencias, emociones y memorias que necesitamos transformar.” Por
ello es que el cuerpo busca la solución biológica inmediata, ya está
solucionando el conflicto desde la biología que ha estado guardado en la
psiquis o en la historia familiar o en la de la infancia o en el
subconsciente.
Tercer punto Hablar:
la llave hacia la sanación
El tercer pilar
fundamental en este proceso de sanación es expresar lo que sentimos. Guardar el
dolor o el conflicto en silencio solo perpetúa el desequilibrio emocional y
biológico. Al hablar, ya sea con una persona de confianza, con quien sentimos
que nos ha vulnerado, o incluso escribiendo nuestras emociones, liberamos lo
que hemos retenido y damos un paso crucial hacia la sanación.
Por ejemplo, si te
sientes herida por alguien, puedes utilizar frases que reconozcan tus emociones
y establezcan límites:
- “Me estoy sintiendo atacada por ti porque
estás excediendo tu autoridad.”
- “En este momento me siento vulnerada, y eso me
lleva a resistirme y reaccionar de manera defensiva.”
- “Recuerdo
un momento en mi infancia cuando me trataste de esta manera y me sentí
igual que ahora.”
Hablar en estos
términos permite no solo expresar lo que sientes, sino también conectar con la
raíz del conflicto: la herida de la infancia. A menudo, en esos momentos de
tensión, reaparece la niña interior que vivió el trauma inicial, trayendo
consigo emociones como la parálisis, la ira o el miedo. Es importante no
reaccionar impulsivamente, sino accionar desde un lugar de conciencia y
madurez, conectando con el corazón y estableciendo una comunicación clara y
honesta.
Si la otra persona no
está lista para escuchar, recuerda que este proceso es principalmente para ti.
Puedes escribir una carta o buscar un lugar seguro para expresar lo que
sientes. Al liberar esas emociones, el cuerpo también se libera. Como un
sistema perfectamente diseñado, el cuerpo tiene la capacidad de autorregularse
y sanar cuando la mente está alineada con el corazón.
Transformar la
enfermedad en conciencia y evolución
La enfermedad es una
maestra que nos invita a reconfigurar nuestra relación con nosotros mismos, con
los demás y con la vida. No se trata solo de una experiencia biológica; es un
proceso de crecimiento espiritual y emocional. Al hablar de lo que sentimos,
aceptar nuestras emociones y comprender el mensaje detrás de los síntomas,
comenzamos a sanar no solo el cuerpo, sino también las heridas más profundas de
nuestra historia.
Es importante
recordar que, como dice Hamer en su teoría de las cinco leyes biológicas, “el
cuerpo no se enferma por azar ni por factores externos, sino porque responde a
un conflicto biológico guardado en la psique que busca resolverse.” Al
aceptar este paradigma, dejamos de ver la enfermedad como una amenaza y
empezamos a verla como una oportunidad para transformarnos.
Cada uno de estos
pasos—aceptar, nombrar y expresar—es una pieza fundamental en el proceso de
reequilibrio biológico. A través de ellos, no solo sanamos físicamente, sino
que también rompemos con patrones familiares, sociales y espirituales que nos
han limitado. Es un proceso de crecimiento, un proceso de evolución, de
autotransformación constante, que nos muestra nuestros errores para aprender de
ellos. Podremos sentirnos de nuevo vulnerables y con miedo y en resistencia. Y
ahí es el momento perfecto para que recuerdes que debes conectar con más fuerza
con tu corazón para que comiences a comunicarte de otra manera con tu cuerpo,
con tu proceso de sanidad.
Un cuerpo que se
afloja, se relaja y fluye es un mecanismo perfecto que engrana perfectamente y
entra en equilibrio. Si tu mente se siente así el cuerpo tiene todas las
herramientas para reconfigurarse, para lograr el reequilibrio después de lo que
llamamos “enfermedad” porque ella viene para que te enteres de aquello que no
has manifestado o no has atendido con el tiempo.
Sanar es un acto
profundo de amor hacia nosotros mismos. La enfermedad, lejos de ser un castigo,
es un llamado a mirar lo que hemos ignorado, a transformar lo que nos limita y
a reconectar con nuestra esencia. Es el cuerpo, la mente y el alma trabajando
juntos para llevarnos hacia un estado de equilibrio y plenitud.
Al reconocer el
conflicto, nombrarlo y expresarlo, no solo liberamos nuestro cuerpo, sino
también nuestra historia. Así, comenzamos a vivir desde un lugar de conciencia,
amor y evolución constante. La enfermedad, entonces, deja de ser un enemigo
para convertirse en una puerta hacia la transformación.
Por: Sandra Liliana Daza Cuartas
Hace unos meses con el cambio de país,
de entorno y de clima, me ví afectada en mi parte biológica por los cambios tan
abruptos a los que ha sido expuesto el cuerpo. Cambios de temperatura extremas
incluso llegando hasta 42 grados en verano y a 7 grados en invierno. Cambios
estacionales, además emocionales, incluso el cambio de alimentación que hicieron
que el cuerpo reaccionara desde la psiquis despertando un conflicto de pérdida de
territorio que no había experimentado en ningún momento de mi historia de vida
de manera tan extrema. Esto conllevó a la búsqueda de un reequilibrio
biológico, al que llamamos “enfermedad” que ha sido para mi un aprendizaje
profundo del que quiero contarles pues ha suscitado un ejercicio de
introspección constante y que puede ser de aporte para ti.
Primera parte miedo ancestral a la enfermedad
Pareciera que en la sociedad hay una creencia muy arraigada sobre la
enfermedad, más que en la sociedad yo diría que en las familias. Muchas mamás
en el caso de la mía y yo como mamá, hemos sido muy insistentes con el proceso de enfermedad frente a los hijos, es
una situación que a nadie le gusta, que desestabiliza y en la que no queremos
estar, es indudable; sin embargo, esta situación al igual que otras de
desasosiego que trae la vida puede ser una oportunidad para indagar en el
inconsciente colectivo, más propiamente el familiar al interior del árbol
genealógico en lo que corresponde a la muerte.
Pareciera que
enfermarse activa un miedo ancestral que no queremos enfrentar, y nuestra
primera reacción suele ser la negación. Esto suele suceder porque, en la
memoria del árbol genealógico, la enfermedad está vinculada a la muerte. Ese
vínculo no es casual; ya que en muchas familias, experiencias de pérdida por
enfermedad—ya sea por muertes naturales,
por la guerra, hambrunas o grandes pestes, un poco menos suicidios u
homicidios—han dejado huellas profundas
en el inconsciente colectivo. Este temor, que a menudo opera de manera
inconsciente, está cargado del mandato no verbalizado: “Enfermarse lleva a
la muerte”. Tal creencia arraigada en la memoria del clan familiar puede
convertirse en un bloqueo emocional, limitándonos en el proceso de sanación
cuando enfermamos en mi caso el particular.
Desde la perspectiva
de la biodescodificación, entendemos que la enfermedad es una manifestación del
cuerpo para resolver un conflicto emocional no procesado. Según el Dr. Ryke
Geerd Hamer, creador de la Nueva Medicina Germánica, “cada enfermedad está
relacionada con un conflicto biológico inesperado que afecta al cuerpo y a la
psique simultáneamente.” Es decir, la enfermedad no es algo que nos ocurre
sin motivo; es una respuesta biológica adaptativa que busca devolvernos al
equilibrio. Sin embargo debemos hacernos conscientes del aprendizaje con el
clan para poder hacer evidente lo anterior. Esto también hace parte de aceptar
el buen morir, aunque eso es otra historia. sin embargo es importante hacer lo
que esté en nuestras manos mientras podamos para evidenciar el mandato del clan
que se guarda de manera muy profunda en la psiquis que nos lleva a negar esta
condición de enfermedad y que nos limita en el proceso de sanidad.
Por lo tanto, aceptar
la enfermedad como una manifestación natural de un conflicto interno y
nombrarla con honestidad es el primer paso hacia la sanación. En este contexto,
no se trata de resignarse, sino de comprenderla como una oportunidad para
transformar patrones inconscientes.
Segunda parte. Reconocer y nombrar
como acto transformador
En la búsqueda contemporánea de
espiritualidad y la sobreabundancia de información, a menudo se refuerzan ideas
que promueven el "pensamiento positivo" excesivo. Aunque es cierto
que nuestras palabras y decretos tienen poder, también lo es que evitar nombrar
lo que sentimos, y no reconocerlo puede alejarnos de la solución. Reconocer
nuestra situación, aceptarla y nombrarla por lo que es, sin dramatizarla ni
negarla, es crucial para iniciar un proceso de transformación profunda
biológica y emocional.
Reconocer nuestra
situación y nombrarla por lo que es, con honestidad y sin temor, nos permite
iniciar un proceso de transformación biológica y emocional. En palabras de Enric
Corbera, líder en bioneuroemoción, “cuando identificamos el conflicto
emocional que da origen a nuestra enfermedad, ya estamos dando el primer paso
hacia la sanación; lo que no se reconoce no puede cambiarse.” En mi
experiencia acompañando a mujeres en procesos de orientación, he notado que
muchas veces el temor a "nombrar las cosas como son" actúa como un
obstáculo. Por ejemplo, si una mujer descubre un nódulo en su tiroides, a
menudo oscila entre dos extremos: exagerar el diagnóstico, colocándose en un
rol de víctima, o negarlo completamente, como si ignorarlo pudiera hacerlo
desaparecer. Negarte a la realidad no te
ayudará a sanar pronto, lo contrario será que el cuerpo mostrará más molestia
física para que tú, te des cuenta y aceptes tu nuevo estado de expansión de
conciencia o fase de crecimiento. No se trata de impulsar aún más lo que nos
pasa porque lo estás diciendo o hablando, no. Hablar realmente de la enfermedad
es aceptar la condición en la que estás en este momento, que puede ser una
condición que es transformable y reversible.
Cuando enfermamos,
debemos generar una relación positiva con la enfermedad, mirándola desde el
amor, aceptándose y entendiendo que no somos víctimas de ella. La enfermedad no
es un castigo ni una maldición; es el cuerpo manifestando la necesidad de
transformación y cambio. En este sentido, la enfermedad actúa como un maestro
que nos invita a expandir nuestra conciencia y evolucionar. El cuerpo, al
manifestar síntomas, está revelando un conflicto interno que se ha mantenido
encapsulado en el subconsciente. Por ejemplo, un simple dolor o una tensión en
el cuello puede ser el reflejo de una carga emocional acumulada, mientras que
un síntoma más extremo indica un llamado urgente del cuerpo para atender un
conflicto profundamente arraigado. El cuerpo, en este sentido, actúa como un
despertador que nos invita a conectar mente y corazón para continuar nuestro
camino de evolución. Tal como explica Hamer, “los síntomas físicos son una
señal de que el conflicto emocional está en vías de solución, aunque la mente
consciente aún no lo perciba.” Esto significa que cuando aparecen los
síntomas, el cuerpo ya está comenzando a sanar, y nosotros, al volvernos
conscientes, podemos colaborar con este proceso.
A menudo, los
conflictos que el cuerpo manifiesta tienen su raíz en traumas no resueltos
especialmente en la infancia , o en mandatos del inconsciente colectivo como ya
mencionamos. Estos traumas permanecen "congelados" en el
subconsciente, como si nuestra psique hubiera detenido su evolución frente al
dolor. En palabras de Enric Corbera, “la enfermedad nos da la oportunidad de
mirar aquello que, desde el subconsciente, nos está pidiendo ser reconocido.” Y
es a partir de este nuevo proceso de nombrar y reconocer cuando se hace
consciencia.
Aceptar la enfermedad
implica darnos el permiso de estar en un estado de reequilibrio biológico sin
negarla ni temerle. Cuando reconocemos los síntomas, reconocemos el miedo que
se despierta, nos abrimos a la posibilidad de comprender el conflicto emocional
que los originó. Al hablar de lo que sentimos, al revisar nuestras heridas de
infancia y al ponerle nombre a nuestras experiencias, comenzamos un proceso de
sanación que no solo transforma nuestro cuerpo, sino también nuestra psique.
Este proceso no siempre es fácil. La enfermedad desafía creencias familiares y
sociales profundamente arraigadas. A menudo, las familias ven la enfermedad
como algo negativo o vergonzoso, reforzando la idea de que es un castigo o una
maldición. Sin embargo, esta percepción puede y debe cambiar.
La enfermedad no es
solo biología ni una simple consecuencia de factores externos como el clima.
Según las cinco leyes biológicas de Hamer, “cada síntoma tiene su origen en
un conflicto biológico específico y representa una solución que el cuerpo pone
en marcha para recuperar el equilibrio.” si se nombra se revela al
consciente y luego nos enteramos cuando ya el mismo cuerpo está haciendo frente
a algo que estaba profundamente guardado. Es cierto que algunas personas,
debido a su contexto o a la profundidad del conflicto, no logran enfrentarlo,
lo que puede llevar a desenlaces extremos como la muerte. Sin embargo, muchas
otras encuentran en la enfermedad una oportunidad para despertar, transformar
sus historias de vida y reconectarse con su propósito más elevado.
Reconectarnos con la
esencia
Cuando estamos
desconectados de nuestra propia esencia—de la divinidad, de la espiritualidad o
de lo que cada quien identifique como su fuente de sabiduría interior—perdemos
la capacidad de reconocer los mensajes de nuestro cuerpo. Este estado de
desconexión se refleja en lo que podemos llamar "ignorancia
espiritual", una ceguera hacia los procesos internos que necesitan
atención, finalmente una pérdida de fé.
Al aceptar la
enfermedad y observarla como un mensaje, no solo sanamos el cuerpo, sino que
también rompemos con patrones de ignorancia emocional y espiritual, con el
estado de duelo y nos abocamos a una reconfiguración de la historia de vida y
una reconciliación con la divinidad. Entonces es cuando la enfermedad se
transforma en una herramienta de aprendizaje, podemos decir que hemos pasado de
un estado de ignorancia, a un estado de conexión esencial, si se quiere en una
fase de crecimiento que nos permite reconfigurar nuestra percepción de la vida,
la muerte y nuestra relación con el universo. Se trata de darnos el permiso de
estar en estado de reequilibrio biológico aceptando y no negando lo que nos
está pasando. Cuando aparece un síntoma, el cuerpo nos está diciendo que es
hora de prestar atención. Aunque puede resultar incómodo o doloroso, hablar de
lo que sentimos es fundamental para comenzar un proceso de sanación.
Aceptar la enfermedad
como un acto de amor y evolución
La enfermedad no
llega para castigarnos ni porque el cuerpo “falle”. Por el contrario, el cuerpo
es un sistema perfecto que responde a un conflicto interno y busca restablecer
el equilibrio. Según Hamer, “cuando aparecen los síntomas, el conflicto ya
está en resolución; la enfermedad es el reflejo del esfuerzo del cuerpo por
sanar.”
Es aquí donde cambiar
nuestra relación con la enfermedad es clave. En lugar de rechazarla o temerla,
podemos mirarla desde el amor y entenderla como una aliada en nuestro camino de
transformación. Este cambio de perspectiva nos permite reconocer que la
enfermedad es una oportunidad para evolucionar, sanar heridas de la infancia y
conectar con aspectos de nuestra historia que han permanecido en el
subconsciente.
El cuerpo manifiesta
lo que la psique no puede procesar conscientemente. Por eso, síntomas como un
simple dolor, una tensión en el cuello o incluso enfermedades más complejas son
mensajes de nuestra biología para despertar nuestra conciencia. Como explica
Enric Corbera, “la enfermedad es la oportunidad de mirar hacia dentro y
descubrir las creencias, emociones y memorias que necesitamos transformar.” Por
ello es que el cuerpo busca la solución biológica inmediata, ya está
solucionando el conflicto desde la biología que ha estado guardado en la
psiquis o en la historia familiar o en la de la infancia o en el
subconsciente.
Tercer punto Hablar:
la llave hacia la sanación
El tercer pilar
fundamental en este proceso de sanación es expresar lo que sentimos. Guardar el
dolor o el conflicto en silencio solo perpetúa el desequilibrio emocional y
biológico. Al hablar, ya sea con una persona de confianza, con quien sentimos
que nos ha vulnerado, o incluso escribiendo nuestras emociones, liberamos lo
que hemos retenido y damos un paso crucial hacia la sanación.
Por ejemplo, si te
sientes herida por alguien, puedes utilizar frases que reconozcan tus emociones
y establezcan límites:
- “Me estoy sintiendo atacada por ti porque
estás excediendo tu autoridad.”
- “En este momento me siento vulnerada, y eso me
lleva a resistirme y reaccionar de manera defensiva.”
- “Recuerdo
un momento en mi infancia cuando me trataste de esta manera y me sentí
igual que ahora.”
Hablar en estos
términos permite no solo expresar lo que sientes, sino también conectar con la
raíz del conflicto: la herida de la infancia. A menudo, en esos momentos de
tensión, reaparece la niña interior que vivió el trauma inicial, trayendo
consigo emociones como la parálisis, la ira o el miedo. Es importante no
reaccionar impulsivamente, sino accionar desde un lugar de conciencia y
madurez, conectando con el corazón y estableciendo una comunicación clara y
honesta.
Si la otra persona no
está lista para escuchar, recuerda que este proceso es principalmente para ti.
Puedes escribir una carta o buscar un lugar seguro para expresar lo que
sientes. Al liberar esas emociones, el cuerpo también se libera. Como un
sistema perfectamente diseñado, el cuerpo tiene la capacidad de autorregularse
y sanar cuando la mente está alineada con el corazón.
Transformar la
enfermedad en conciencia y evolución
La enfermedad es una
maestra que nos invita a reconfigurar nuestra relación con nosotros mismos, con
los demás y con la vida. No se trata solo de una experiencia biológica; es un
proceso de crecimiento espiritual y emocional. Al hablar de lo que sentimos,
aceptar nuestras emociones y comprender el mensaje detrás de los síntomas,
comenzamos a sanar no solo el cuerpo, sino también las heridas más profundas de
nuestra historia.
Es importante
recordar que, como dice Hamer en su teoría de las cinco leyes biológicas, “el
cuerpo no se enferma por azar ni por factores externos, sino porque responde a
un conflicto biológico guardado en la psique que busca resolverse.” Al
aceptar este paradigma, dejamos de ver la enfermedad como una amenaza y
empezamos a verla como una oportunidad para transformarnos.
Cada uno de estos
pasos—aceptar, nombrar y expresar—es una pieza fundamental en el proceso de
reequilibrio biológico. A través de ellos, no solo sanamos físicamente, sino
que también rompemos con patrones familiares, sociales y espirituales que nos
han limitado. Es un proceso de crecimiento, un proceso de evolución, de
autotransformación constante, que nos muestra nuestros errores para aprender de
ellos. Podremos sentirnos de nuevo vulnerables y con miedo y en resistencia. Y
ahí es el momento perfecto para que recuerdes que debes conectar con más fuerza
con tu corazón para que comiences a comunicarte de otra manera con tu cuerpo,
con tu proceso de sanidad.
Un cuerpo que se
afloja, se relaja y fluye es un mecanismo perfecto que engrana perfectamente y
entra en equilibrio. Si tu mente se siente así el cuerpo tiene todas las
herramientas para reconfigurarse, para lograr el reequilibrio después de lo que
llamamos “enfermedad” porque ella viene para que te enteres de aquello que no
has manifestado o no has atendido con el tiempo.
Sanar es un acto
profundo de amor hacia nosotros mismos. La enfermedad, lejos de ser un castigo,
es un llamado a mirar lo que hemos ignorado, a transformar lo que nos limita y
a reconectar con nuestra esencia. Es el cuerpo, la mente y el alma trabajando
juntos para llevarnos hacia un estado de equilibrio y plenitud.
Al reconocer el
conflicto, nombrarlo y expresarlo, no solo liberamos nuestro cuerpo, sino
también nuestra historia. Así, comenzamos a vivir desde un lugar de conciencia,
amor y evolución constante. La enfermedad, entonces, deja de ser un enemigo
para convertirse en una puerta hacia la transformación.
Por: Sandra Liliana Daza Cuartas

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