LA ESCRITURA COMO HERRAMIENTA AUTOTERAPÉUTICA

La escritura es un tema profundamente importante para mí como método de autoconocimiento y como acto autoterapéutico. Ha estado presente en mi vida desde que tengo memoria. A lo largo de los años he llenado cuadernos con mis experiencias, porque he encontrado en ella múltiples beneficios. Ayer, por ejemplo, escuchaba a Nazareth Castellanos hablar sobre la importancia de la escritura para el cerebro (al final del texto te dejo la referencia del video), y confirmaba algo que yo ya venía practicando y comprendiendo como parte habitual de mi existencia.

Me refiero a la escritura manual: lápiz y papel, lapicero y cuaderno, no a escribir en el computador. Este acto implica un ejercicio cognitivo profundo que trae muchos beneficios. Uno de los principales es que le damos una tarea concreta al cerebro.

La tarea para el cerebro es mantenerlo ocupado en algo que pueda crear de manera desinteresada. La escritura hace parte de ello. Cuando pensamos en escribir ya estamos tomando las riendas de la práctica para el pensamiento libre, y ocupado no pre - ocupado  que es lo que hacemos antes de ocuparnos, mantener la mente en aquello que no ha sucedido en el futuro o en el pasado con aquello que ya vivenciamos. Mas adelante te hablaré del "Rumiar" como práctica negativa del pensamiento.

Cada día tenemos la posibilidad de usar nuestra mente como una gran herramienta, pero muchas veces hacemos un mal uso de ella. La mente, así como nos ayuda a crear realidades a través de la imaginación y la visualización, también puede quedarse atrapada en pensamientos catastróficos, recuerdos dolorosos o escenarios negativos. Cuando imaginamos constantemente experiencias difíciles o revivimos situaciones dolorosas del pasado, estamos reactivando esas vivencias a nivel cerebral. y atrayendo esas creaciones a nuestra realidad. En ese proceso se despiertan conexiones neuronales ya existentes, viejos surcos que vuelven a activarse. Reactivándose viejas conexiones sinápticas que nos mantienen enganchados a las viejas creencias y limites que nos imponemos con lo que pensamos. Acrecentamos los viejos patrones de pensamiento con lo que pensamos a diario.

En algunos casos puede ser útil revisar esas conexiones, y lo hacemos a través del recuerdo de una experiencia, pero lo regeneramos con lo más beneficioso para el cerebro: escribiendo, para generar nuevas conexiones neuronales. Cuantas más conexiones se crean, mayor es la amplitud y la expansión de la conciencia, y mayor la comprensión de nuestra experiencia personal. La escritura favorece precisamente ese proceso: nos ayuda a crear nuevas rutas neuronales, nuevas formas de entendernos y de percibir lo vivido.

Cuando llevamos una idea o una imagen a la mente y luego la pasamos al papel, estamos dando un primer paso: sembrar una semilla para la manifestación de las experiencias que queremos vivir. Sin embargo, entre imaginar y escribir hay un tramo que a muchas personas les cuesta recorrer. La mayor parte del tiempo nos quedamos en imaginar. Muchas personas dicen que no saben escribir, que no les nace, que no pueden. Esto tiene mucho que ver con creencias aprendidas en la escuela o con experiencias incómodas con profesores que desalentaron esa posibilidad. Así se instala la idea de “no soy capaz”.

La escritura terapéutica no exige saber escribir “bien”. No busca perfección, ni coherencia literaria. Es una herramienta cotidiana para comprenderte a ti misma, tus procesos emocionales y tu experiencia de vida. Al inicio pueden ser solo dos o tres frases, dos o tres renglones, lo que simplemente surja. Con el tiempo, cuando se convierte en hábito y disciplina, la escritura crece sola, se vuelve más extensa y más profunda.

Escribir con lápiz y papel obliga al cerebro a ir más lento, a organizarse, a explicarse a sí mismo lo que está pensando. Ahí aparece la reflexión. Reflexionar implica entrar en la profundidad de una pregunta y permitir que la respuesta emerja. Preguntas simples pueden abrir grandes puertas:
¿cómo me siento hoy?, ¿qué emoción está presente ahora?, ¿qué experiencia estoy viviendo?

A veces la escritura puede ser oscura, densa, cargada de rabia o de incomodidad. Y justamente eso es lo que necesitamos aprender a vaciar a través de la escritura. Al escribir, sacamos el pensamiento de la rumiación mental. Rumiar es darle vueltas una y otra vez a una idea sin llegar a ningún lugar. Escribir corta ese ciclo. No importa si el texto es desordenado o incoherente; lo importante es escribir sin juicios de valor.

En mi práctica personal, por ejemplo, escribo mis sueños apenas me levanto. Anoto los símbolos, observo lo que aparece sin juzgarlo, como una observadora. También escribo mis experiencias diarias. A veces uso “excusas” para escribir, como los movimientos planetarios en la astrología. Tomo una conjunción, un tránsito, y a partir de ahí desarrollo un texto que luego me permite observar qué está pasando en mí, cómo se manifiestan esas energías en mis vínculos, en mis acciones cotidianas, incluso en la relación con mi gata. La excusa no es lo importante; lo importante es empezar a narrar.

Otra forma poderosa de escritura es relatar experiencias incómodas o confusas, aquellas de las que aún no hemos extraído un aprendizaje. Incluso escribir cartas —que no necesariamente se envían— a personas con las que hubo conflictos o cargas emocionales. Escribir como si esa persona estuviera enfrente, expresando lo que sentiste, lo que te dolió, lo que aprendiste.

Uno de los grandes beneficios de la escritura es que te permite narrar tu historia de otra manera. Cuando cambias la narrativa, la psique hace un “clic” y se abre la posibilidad de ver las situaciones desde otro enfoque. Al escribir tu historia de vida, recuerdos de la infancia o experiencias con tus padres, estás generando nuevas conexiones neuronales y nuevas interpretaciones. Cada vez que vuelves a escribir una misma situación, el enfoque cambia, porque tú ya no eres la misma.

La escritura también abre un espacio reflexivo y filosófico, un diálogo interno profundo. En ese diálogo aparecen preguntas y respuestas, y comienzas a reconocer una voz interna, una esencia profunda que orienta. Esa voz se manifiesta muchas veces a través de la escritura. Por eso algunas personas llegan incluso a experiencias de canalización o conexión espiritual. Pero esto requiere tiempo, constancia, disciplina y respeto por el proceso.

Crear un ritual ayuda mucho: un cuaderno especial, un lapicero nuevo, una portada que te guste, algo que te invite a abrirlo. Ese gesto ya es un acto de amor propio. Tener cuadernos distintos para sueños, estudios, reflexiones personales también amplía la experiencia y la hace más consciente.

Ejercicios breves para comenzar a escribir

  • Escritura mínima diaria: escribe solo 2 o 3 frases cada día. Puedes comenzar con la fecha y una pregunta sencilla: ¿cómo me siento hoy?
  • Título del día: ponle un nombre al día o una palabra que lo represente. Al día siguiente, léelo y reflexiona brevemente sobre ello. Y escribe de nuevo sobre lo que lo que dejaste iniciado.

La escritura es un tiempo único para ti. Es un espacio de encuentro con tu esencia profunda y una práctica de amor propio. No se trata de convertirte en escritora o poeta —aunque podría suceder—, sino de la experiencia íntima que vives al escribir. Toma de esta herramienta lo que más resuene contigo y deja lo demás.

Te comparto esta experiencia con cariño, esperando que encuentres en la escritura un camino de comprensión, sanación y conexión contigo misma.

Dibujos y textos Sandra Daza Bolonik – Dando sentido en el despertar y en la ascensión planetaria.


Un abrazo fraterno para todos.

Referencia: Nazareth Castellanos qué le pasa a tu cerebro cuando escribes: evidencia Neurocientífica 

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