El Sentir Colectivo: El Egrégor, el Cuerpo y la Sabiduría de lo Salvaje
El Sentir Colectivo: El Egrégor, el Cuerpo y la Sabiduría de lo Salvaje
Por: Sandra Daza – Bolonik
"Del caos que vivimos nace la memoria, del dolor colectivo la conciencia, del sentir la transformación"
El Sentir de lo Salvaje y el Dolor de la Tierra
Ayer mismo tuve una experiencia muy particular en casa y en lo que transcurrió durante el día y la noche, que me llevó a la reflexión que hoy les comparto. En mi tierra, Colombia, este sismo dejó a tantas personas desvalidas: sin hogar, con seres amados fallecidos, pérdidas materiales y la partida de sus mascotas. Ese egrégor de mi tierra llegó hasta mí, permitiéndome sentir ese dolor en carne propia. A menudo buscamos experimentar estas vivencias, pero muchas veces no lo hacemos de manera consciente. Para comprender esto, debemos partir de la teoría del campo mórfico de Rupert Sheldrake. Considera el "Efecto Espejo" de la Tierra, preguntémonos ¿Cómo el dolor colectivo de un país o región resuena en nuestro propio cuerpo, incluso estando a miles de kilómetros?.
La Teoría de Sheldrake: Campos Mórficos y el Egrégor Colectivo
Antes de esto debo aclarar qué es lo salvaje?. Se trata de aquello que llevamos
todos y que compartimos con el mundo animal, la naturaleza, que nos conecta con
lo biológico de la tierra, y que está íntimamente ligado a cómo actuamos o
respondemos a situaciones conflictivas, o peligrosas. Muchas veces la respuesta
es extrema y emocional desbordada, dándole rienda suelta a la emoción de la ira,
la rabia contenida que explota en algún momento, y que muestra esa parte animal
que todos llevamos dentro. Que muestra un gran (más adelante te desarrollo lo
qué es un Egrégor), miedo y temor frente a lo que desconocemos o a la agresión.
Pero también responde al egrégor, es decir a la transferencia de emociones densas
cuando se trata de grandes masas de personas. Y aquí es donde conectamos la
teoría de Sheldrake de la resonancia mórfica.
Como les compartía en un post
anterior en el blog sobre los “campos mórficos”, a través de ese campo
energético que cubre el planeta, los seres humanos y todos los seres que
habitamos la Tierra vamos aprendiendo y evolucionando sin necesidad de que
medie la razón, el intelecto o lo puramente racional. Simplemente es pura
evolución del grupo social al que pertenecemos. Es algo que viene de lo más
profundo, de lo salvaje de la tierra, y que está directamente conectado con lo
biológico en el humano. Esta es la idea de la que parto.
Sin embargo, Rupert Sheldrake menciona que Los campos
mórficos son estructuras invisibles y holísticas que organizan,
coordinan y mantienen en equilibrio a todos los sistemas autoorganizados de la
naturaleza, desde partículas subatómicas y moléculas hasta células, organismos
y grupos sociales. Estos campos funcionan como "moldes" o planos
configuradores donde el todo es mayor que la suma de sus partes, y poseen una
memoria colectiva que se hereda y se alimenta constantemente a través de la resonancia
mórfica.
Bajo este principio, la naturaleza no opera mediante leyes eternas
e inmutables, sino por medio de hábitos y costumbres acumuladas; de esta
manera, cuando una forma física, un aprendizaje o una conducta se repiten, se
vuelve progresivamente más fácil de asimilar y replicar para otros individuos
de la misma especie en cualquier parte del mundo, sin necesidad de contacto
físico directo. Esta red de resonancia rige también los campos familiares y de
grupo, actuando como una red invisible de interconexión mental y emocional que
nos enlaza a distancia y nos hace permeables a los sentires y al imaginario del
colectivo. Sheldrake, R. (1988). The Presence of the Past: Morphic Resonance and
the Habits of Nature. Londres: Collins
Es así como en grandes tumultos de gente: por
ejemplo, en un partido de fútbol, en una iglesia, en una ceremonia, en una
celebración se desarrolla un gran egregor, que puede ser positivo o negativo. Cuando miles
de personas se reúnen en un mismo estadio, comienzan a contagiarse de una
emoción masiva. El fútbol tiene algo de salvaje: desata emociones que a menudo
escapan de nuestro control porque estamos imbuidos en el egregor del colectivo,
lo que puede llevarnos tanto a la violencia como a desbordes de inmensa alegría.
En términos teosóficos y esotéricos, un egregor
puede entenderse como una especie de forma de
pensamiento colectiva que se alimenta de la atención, las
emociones, las creencias y las palabras de un grupo de personas. Por ello con
el terremoto que sucedió en Colombia el 10 de agosto de 2026 y todas las demás situaciones
complejas que vivenciamos actualmente en el mundo, generan un gran egrégor que
nos contagian de emociones densas, por eso mucho de lo que sentimos no es
propio, sino un sentir colectivo.
Teoría sintérgica y el hipercampo de
Jacobo Grinberg
Esta teoría también se entrelaza con lo que mencionaba Jacobo Grinberg, científico mexicano en uno de sus videos. Él explicaba que todo lo que sucede en el entorno muchas veces nos permea sin que nos demos cuenta. Nuestros pensamientos, en gran medida, no son propios; pertenecen al imaginario colectivo. Comienzan a deslizarse a través de ese campo mórfico, manifestándose en nosotros en forma de pensamientos y sentires que creemos nuestros, pero que en realidad son el reflejo de lo que el colectivo está experimentando en ese momento. Grinberg abordó esta idea a través de su famosa Teoría Sintérgica y su análisis del Hipercampo (el campo unificado que se genera por la interacción de todos los cerebros humanos).
Nuestro cerebro actúa como un receptor de radio. No "fabricamos" los pensamientos en el vacío, sino que sintonizamos frecuencias del Hipercampo colectivo (el concepto que Grinberg usa de forma equivalente al inconsciente colectivo de Jung). Cuando experimentamos angustia, miedo o intuiciones repentinas, muchas veces solo estamos decodificando la vibración de la Lattice planetaria que compartimos con el resto de la humanidad.
El Relato: Una Noche de Proyecciones,
Espejos y Sombras
Como lo mencioné anteriormente, esto mismo ocurre con las grandes tragedias,
como el terremoto de Colombia: se genera un egregor denso de tristeza, angustia
y miedo. Estas emociones están presentes para que entendamos a fondo la
experiencia humana desde el sentir, pero también para conectarnos con esa parte
biológica que el cuerpo nos muestra y que tantas veces olvidamos. Al mudarnos a
vivir enteramente en la mente y el cerebro, dejamos de escuchar al cuerpo, que
es nuestro conector biológico con Gaia y con esa parte salvaje.
Ahora si la experiencia. Ayer, mi esposo comenzó a sentir ese egregor en él sin
hacerlo conscientemente, reaccionando de manera hostil, violenta y con miedo.
Tras una discusión en casa, decidí salir con el niño. Sentíamos una energía
sumamente densa que él mismo estaba creando y esto hizo que nos fuésemos un
rato al mar y, al regresar, mi esposo ya dormía.
El niño y yo encendimos el televisor. Casualmente, estaba puesto un canal que mostraba
escenas violentas: robos en tiendas, personas agrediéndose por altercados cotidianos
en restaurantes... Aunque yo no suelo ver este tipo de contenidos, me puse a
jugar a las cartas con mi hijo, quien extrañamente eligió un mazo sobre las
constelaciones y las estrellas. Nos concentramos en estudiar las cartas, pero
de manera inconsciente, toda nuestra psiquis seguía enfocada en lo que el
televisor proyectaba.
De repente, escuchamos música muy fuerte afuera. Al salir a la terraza, vimos a
unos jóvenes en la esquina de la calle con un bafle. Parecía que alguien
cantaba o hacía música. Al principio se sentía bien, pero de inmediato
comprendí que lo que yo estaba percibiendo de la situación era la proyección de
miedo y violencia que el televisor había dejado grabada en mi cuerpo. Ahí se
despertó la angustia y el egregor del terremoto se activó en mí. Cómo lo supe?,
le dije a mi hijo que describiera lo que estaba viendo, y él muy tranquilo comenzó
a decir objetivamente lo que pasaba. Eso fue lo que hizo que cayera en cuenta
de lo que yo estaba sintiendo como egregor.
La mente, que es sumamente rápida, comenzó a fabricar explicaciones para lo que
veía. Cuando dejamos de percibir el cuerpo y de sentir desde el corazón, la
mente interfiere con juicios de valor y etiquetas. Yo miraba la escena de los
chicos y le decía a mi hijo: "No entiendo qué estoy viendo". Percibía
una violencia que en realidad no existía allí, sino que la llevaba yo adentro,
sembrada por las noticias del terremoto y las imágenes del televisor. Elige el
alimento para tu cuerpo mente y corazón.
Entonces ¿cómo consumimos "violencia invisible"?. Aunque creamos que
no estamos prestando atención a la televisión o a las redes, el cuerpo absorbe
esa vibración, el oído capta señales y violencia, el cuerpo se estremeces. Así
pues esta anécdota tan propia hizo que pudiese entender un tanto que aunque
buscábamos a través de las cartas de constelaciones, estar jugando un rato y
buscando luz en otros haceres, frente al televisor encendido perdemos aquello
que intentamos buscar: La luz (las estrellas) mientras el ruido del mundo sigue
programando nuestra mente.
El Niño como Ancla: El Retorno a la
Realidad Objetiva
Quien me trajo de vuelta a la tierra fue mi hijo. Al preguntarle: "Hijo,
¿qué está pasando? ¿Por qué veo violencia allí?", él, libre de egregores y
miedos, me describió la realidad de manera completamente objetiva y dijo:
"Mamita, yo veo a unos jóvenes jugando fútbol en la esquina. También vi a
un chico que bajó con su monopatín por la calle. Lo que suena es una emisora
que enlazaron al televisor. El vecino de enfrente tiene la puerta abierta, se
ve su pantalla y coincide con el audio del bafle. Parece que los chicos tienen
puesto un altavoz conectado al canal que transmite el mismo programa que nosotros
estábamos viendo."
Mi hijo me mostró una experiencia objetiva, libre de juicios o sentires densos “Mamita,
no está pasando nada, simplemente juegan y suena música" fue su conclusión.
Mientras yo, al asomarme al balcón, percibía dolor, conflicto y angustia porque
llevaba todo eso cargado en mi propio cuerpo.
Esa mañana, con la perspectiva del descanso, logré ver con claridad cómo
funciona nuestro cotidiano. Todos los días cargamos emociones que no procesamos
en el cuerpo. Nos habitan de manera inconsciente y terminamos leyendo e
interpretando todo nuestro día bajo el filtro de ese sentir. Ayer fue el miedo,
pero en muchas ocasiones es la ira o la frustración. Así vamos respondiendo a
la vida.
La Mirada del Niño como Estado de
Presencia
Los niños tienen una manera de ver las cosas de manera desprevenida, e inocente, no llevan tanta carga como los adultos, ni conocimientos que los sesguen. Por ello no tienen juicios de valor sobre lo que sucede. Ellos en su infancia conservan esa capacidad de ver las cosas "como son" y no "como somos nosotros", es decir de manera objetiva.
Tú misma puedes
cuestionar tus propias interpretaciones rápidas, usando la pregunta:
- "¿Esto está pasando
realmente o lo estoy proyectando desde mi sentir interno?".
Otra frase que puedes aplicar es:
- “Lo que veo no es como yo lo veo
tiene múltiples perspectivas y yo solo estoy viendo una”
O cuando vayas a algún sitio o a
conocer alguna persona que te genere ansiedad, antes de entrar o conocerla dí:
- “No sé nada y no conozco nada
sobre esta situación o esta persona”.
Haz la prueba y desde allí
comienzas a salir del juicio de valor y ver las cosas desde otra perspectiva, de manera mas amplia o
con otro enfoque.
La Integración: Del Control Emocional al
"Encuerpamiento"
Somos seres sintientes y no podemos evadir las emociones usando la mente, ni
tampoco "echándoles tierrita" —como decimos coloquialmente en
Colombia— para taparlas, ignorarlas o fingir que no existen. Lo que realmente
debemos hacer es aprender a identificar qué nos pasa emocionalmente para ir por
la vida con una actitud más abierta, amorosa y en equilibrio, liberando el control
de las emociones densas. Esto no significa evadir el dolor o la tristeza, sino
permitirnos el "encuerpamiento". Debemos dar paso a la angustia, al
miedo, a la soledad y a la nostalgia para que estas emociones fluyan a través
del cuerpo y sigan su cauce natural. Si no permitimos que circulen, la energía
se estanca en nuestros centros energéticos y órganos, y es allí donde se origina
la enfermedad física: cálculos en los riñones o el hígado, diabetes por la
sobreexigencia del páncreas, o problemas cardíacos.
Encuerpar en términos de
Bolonik es traer una experiencia del mundo interior al cuerpo hasta convertirla
en experiencia vivida. Y viceversa sentir el cuerpo en sus sensaciones para
comprender algo a profundidad sobre el mundo interior, desde la reflexión.
No se trata solamente de comprender algo
con la mente. Es sentirlo, atravesarlo, expresarlo y darle una forma en la
propia vida.
Podríamos distinguir:
- Conocer: entiendo algo.
- Concientizar: me doy cuenta de algo.
- Sentir: mi cuerpo reconoce eso que he
comprendido.
- Expresar: encuentro una forma de manifestarlo.
- Encuerpar: aquello se vuelve parte de mi manera de
estar, actuar, crear y relacionarme con el mundo y conmigo misma.
Por
eso, el cuerpo no sería simplemente un organismo que transporta la conciencia. Es
territorio de conocimiento. El dibujo, el ritual, la escritura, la
respiración, el movimiento, el símbolo y la creación artística pueden
convertirse entonces en formas de encuerpamiento: maneras de
permitir que aquello que estaba en el plano de la idea, la emoción o la
intuición encuentre una existencia concreta.
Encuerpamiento es hacer cuerpo lo que el alma, la imaginación o la
conciencia han descubierto. Bolonik
Cada persona que llega a nuestra
vida y cada situación cotidiana —desde encontrarte con alguien hostil en la
calle hasta recibir la sonrisa de un extraño— tiene que ver directamente con tu
evolución de conciencia. Sin embargo, somos nosotros quienes sesgamos esa
experiencia de aprendizaje a partir del egrégor y la emoción que llevamos
puestos.
Siento que para mí aún hay mucho por dilucidar y comprender en todo esto. No sé
qué tan clara esté siendo esta reflexión para ustedes, pero recuerden que es
solo mi experiencia vivida en el cuerpo, de la cual me hice consciente y que hoy
he querido compartirles.
Gracias por ser, por estar, por recibir y por permitirme servir.
Un abrazo fraterno,
Sandra Daza - Bolonik
Dibujos: Sandra Daza
Textos e imagen con ayuda de la IA (con corrección profunda)
Dibujo 2: Sri yantra


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